Los tranvías de Toronto
Durante años estos vehículos de aire nostálgico y paso lento han transportado millones de pasajeros. Hoy en día muchos les califican como sistema de transporte anacrónico para una ciudad moderna. Pese a ello, todo parece indicar que los tranvías están aquí para quedarse.

Pese al inconformismo de muchas personas, tanto pasajeros que usan el servicio como conductores de autos, todo parece indicar que los tradicionales tranvías que circulan por algunas vías de Toronto seguirán operando en los años por venir. Si bien los planes de expansión de líneas de tránsito para tren ligero, iniciados durante la administración del alcalde David Miller, sufrieron una reversa con la decisión de su sucesor Rob Ford de cancelar la mayoría del proyecto para dar mayor prioridad a la expansión del sistema de metro, no se avista en un futuro cercano ninguna posibilidad de reducción o eliminación similar en el funcionamiento de las líneas de tranvías que operan actualmente.
¿Por qué en pleno siglo XXI la ciudad continúa usando este tipo de transporte que se percibe con frecuencia como lento y anticuado? El romance de Toronto con este sistema de transporte es de vieja data. Ha transcurrido un largo tiempo desde cuando el primer vehículo eléctrico entró en operación en el lejano 1892, dando inicio al reemplazo de los carruajes de caballos que hasta entonces eran la norma. Décadas después, luego de la Segunda Guerra Mundial cuando la mayoría de ciudades de Norteamérica comenzaron a eliminar sus sistemas de tranvías para reemplazarlos con autobuses, Toronto hizo todo lo contrario: cual novio enamorado que obsequia a su amada múltiples regalos, aprovechó la oportunidad para comprar vehículos a algunas de estas ciudades que se estaban deshaciendo de ellos. Posteriormente, con la llegada del sistema de metro en 1966, cobró fuerza la idea de eliminar los tranvías por ser considerados anticuados y difíciles de adquirir y mantener dado el reducido número de ciudades que los utilizaban. Incluso se llegó a hablar de un plan para tener todas las rutas de tranvías desmontadas para 1980. Sin embargo, este pequeño bache en la relación no pasaría a mayores pues el plan encontró una fuerte oposición en diversos sectores de la población liderados por un grupo conocido como “Streetcars for Toronto” conformado por intelectuales y algunos concejales de la ciudad quienes argumentaron que mantener los tranvías era más viable económicamente que reemplazarlos por autobuses. Finalmente no pasó nada y los tranvías continuaron transitando con su paso lento por las calles de Toronto. Con el paso de los años, y a medida que la ciudad creció hacia el norte, se introdujo y cobró fuerza el uso de autobuses en las nuevas vías, en tanto los tranvías se concentraron en las zonas céntricas de la ciudad, las cuales permanecen hasta hoy como su foco de operaciones.
No cabe duda de que los tranvías le dan un toque pintoresco y un elemento de nostalgia a la ciudad. Sin embargo, tal como sucedió en la década de los 60s, hoy en día se siguen escuchando críticas a su uso masivo por diversas razones, entre otras:
- Cualquiera que haya tomado un tranvía en pleno centro de Toronto en hora pico de un día laboral ha experimentado la incomodidad que se siente al viajar en un vehículo atestado de pasajeros de pie. Si se tiene suerte y la mayoría de los pasajeros a bordo se comportan de manera cívica cediendo el puesto o desplazándose para permitir que otras personas ingresen o desciendan del vehículo, la situación es más llevadera. No obstante, la sensación de hacinamiento es algo que todo pasajero, al igual que toda sardina en lata, preferiría evitar.
- En época de verano, un tranvía sin un adecuado sistema de aire acondicionado rápidamente puede convertirse en un sauna con vista a la calle. Si usted toma por ejemplo un tranvía para asistir a un evento como la CNE (Canadian National Exhibition) al cual asisten miles de personas en un mismo día, asegúrese de verificar la situación del tránsito con antelación. De lo contrario corre el riesgo de terminar atrapado en un embotellamiento, a más de 30 grados centígrados, sentado en un tranvía con ventilación defectuosa junto a otros 30 pasajeros que sudan la gota gorda simultáneamente.
- Para los conductores de vehículos que tienen que compartir las calles con los tranvías el panorama tampoco es halagador. Conducir detrás de un tranvía es como hacer un viaje en cámara lenta. No sólo es necesario detenerse en cada parada detrás del tranvía a una distancia mínima legal para evitar poner en riesgo a los pasajeros que abordan o descienden del vehículo, sino que en ciertas vías su baja velocidad genera aglomeración de vehículos y si la vía es estrecha se hace casi imposible adelantar al tranvía.
Al parecer los tranvías están aquí para quedarse. Aunque se ha hablado en ocasiones de modernizarlos adquiriendo nuevos vehículos más amplios y eficientes, está por verse si esto se hará realidad. Por ahora, lo mejor será armarse de paciencia y civismo y colaborar con los siempre ocurrentes conductores, como aquel (y esto es un caso real) que iba con el tranvía casi lleno y al detenerse en una parada hizo el siguiente anuncio con la esperanza de convencer a la gente de que abriera espacio para los pasajeros que iban a abordar: “Los pasajeros de pie por favor moverse hacia la parte posterior del vehículo… allí tenemos café y donuts gratis para todos!”.
¿Qué opina de la calidad del servicio que ofrecen los tranvías de Toronto? ¿Debería la ciudad retirarlos o mantener esta forma de transporte público? Comparta sus ideas comentando esta nota.
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